Una lecturaandina de la revolución mexicana desde la periferia. El caso de Arequipa, Perú (1910-1930)

Una lecturaandina de la revolución mexicana desde la periferia. El caso de Arequipa, Perú (1910-1930)*

An Andean Interpretation of the MexicanRevolution, from the Periphery. The Case of Arequipa, Peru (1910-1930)

 

Guillemette Martin

Informaciónsobre la autora:

Guillemette Martin. Doctora en Historia por el Instituto de AltosEstudios de América Latina (Universidad Sorbonne Nouvelle-Paris 3).Investigadora asociada del Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos(CEMCA). Actualmente realiza un proyecto sobre los poderes regionales peruanosy mexicanos en la década de 1920.

About the author:

Guillemette Martin. Doctorate in History from the Institute of Higher Studies on LatinAmerica (Sorbonne Nouvelle University-Paris 3). She is an Associate Researcherat the (CEMCA). She is currently engaged in a project on the regional Peruvianand Mexican powers in the 1920s.

Resumen

Derivado deun estudio doctoral comparativo entre los contextos nacionales de México y dePerú a finales del siglo XIX-inicios del XX, el artículo propone un análisis dela recepción y de los impactos de la revolución mexicana en el Perú, con elobjetivo de dar a entender la influencia de este acontecimiento en variasescalas, regional, nacional y continental. En esta perspectiva, el estudio haceun análisis del discurso periodístico arequipeño sobre los acontecimientosmexicanos de los años 1910 y 1920. Se trata de mostrar cómo, en Arequipa,ciudad famosa por su histórico afán de autonomía y el dinamismo intelectual desus elites, la revolución mexicana fue utilizada como argumento para pensarnuevamente la nación peruana, y el lugar de las provincias en el proyectonacional.

Palabras clave: Revolución mexicana; Perú; Arequipa; regionalismo;identidad regional; centralismo.

Abstract

The result of a doctoral comparative study of the national contexts ofMexico and Peru in late 19th century and early 20th century, the articleproposes an analysis of the reception and impacts of the Mexican Revolution inPeru, to explain the influence of this event at several levels —regional,national and continental. From this perspective, the study analyzes thejournalistic discourse in Arequipa regarding the Mexican events of the 1910sand 1920s. It seeks to demonstrate how in Arequipa, a city renowned for itshistorical struggle for autonomy and intellectually dynamic elites, the MexicanRevolution was used as an argument to reconsider the Peruvian nation, and theplace of the provinces in the national project.

Key words: Mexican revolution; Peru; Arequipa; regionalism; regional identity;centralism.

 

 

Fecha de recepción: mayo de 2013; Fecha de aceptación: octubre de 2013.

 

 

No se nace en vano al pie de un volcán.
Jorge Polar (1958)

 

Introducción

Lasrepercusiones tanto ideológicas como políticas y diplomáticas de la revoluciónmexicana en los diferentes países latinoamericanos estuvieron ausentes de losestudios históricos durante mucho tiempo, se puede decir hasta los años 1990.En medio de este vacío historiográfico, los trabajos publicados por RicardoMelgar Bao (1992 y 2005), principalmente sobre los países andinos,1y por Pablo Yankelevich (1997), en un primer momento sobre Argentina y mástarde sobre América Latina en general, constituyen una ruptura importante.Editado en 2003 bajo el título La revolución mexicana en América Latina.Intereses políticos e itinerarios intelectuales, este último estudio dePablo Yankelevich abrió no sólo una perspectiva sobre la recepción de larevolución por las elites intelectuales de Argentina, Colombia, Perú yCentroamérica, sino que ilustró la necesidad de ubicar la historia nacionalmexicana dentro de una perspectiva continental comparativa, enfocada en elestudio de las circulaciones (de ideas, de personas, etc.), para entender mejorsus procesos políticos, económicos y sociales internos.2

Nutrido poresta misma reflexión sobre las diferentes modalidades y los propósitos delcomparatismo en torno a la historia nacional mexicana, el presente estudiopropone un análisis local de las lecturas que se hicieron de la revoluciónmexicana en el Perú, en los años de 1910 a 1930, a partir del caso emblemáticode Arequipa, la rebelde capital del Sur andino. A diferencia de los trabajos deRicardo Melgar Bao (1992) y Pablo Yankelevich (2003), el presente artículo nopretende alimentar el debate sobre la manera en que los intelectuales peruanosse adueñaron de los ideales revolucionarios mexicanos para construir su propioactuar político. Propone más bien un cambio de enfoque hacia un espacio lejano,y en cierta medida aislado de las redes intelectuales comúnmente estudiadas—Arequipa—, para mostrar de qué manera la capital mistiana3lejos de quedarse indiferente frente a los sucesos mexicanos, desarrolló supropia lectura e interpretación del fenómeno revolucionario mexicano.

 

Historiacruzada y transferencias culturales: el debate en torno al comparatismo

Desde unpunto de vista teórico y metodológico, y aunque ni Yankelevich (2003) ni MelgarBao (1992) lo teorizaron de manera tan explícita en sus respectivos estudios,la perspectiva adoptada en sus trabajos se inscribe tanto dentro de la teoríade las "transferencias culturales",4 tal como fuediscutida por ejemplo por Compagnon (2005, pp. 11-20),5como en la teoría de la "historia cruzada", definida por Werner yZimmermann (2003, pp. 5-36). Para estos dos últimos autores, la historiacruzada es el estudio de las conexiones y de los intercambios entre dos o másfenómenos, grupos sociales y/o acontecimientos, ubicados en zonas geográficasdiferenciadas.6 A la diferencia del método utilizado en el estudiode las "transferencias culturales", que dibuja un movimientocognitivo unilateral desde el espacio "emisor" hacia el espacio"receptor" del fenómeno cultural estudiado, la historia cruzadaimplica un ir y venir entre los diferentes casos estudiados, en la medida enque el objeto de estudio se construye a través de este desplazamiento por partedel investigador, de un caso al otro. Por lo tanto, el estudio de losintercambios entre los intelectuales latinoamericanos en el marco de larevolución mexicana tal como lo desarrolla Yankelevich (2003), por ejemplo,puede ser leído tanto como una ilustración de transferencias culturales (larevolución mexicana como fuente de inspiración y hasta "modelo" paralos intelectuales latinoamericanos), así como un excelente ejemplo de historiacruzada (los intelectuales mexicanos se alimentan también de la recepción porel resto del continente, de lo que están viviendo en México).

 

Comparatismoy cambio de escala: un reto historiográfico7

Considerandolas ventajas de la historia cruzada por encima de los métodos comparativos en general,Werner y Zimmermann (2003, pp. 21-22) subrayan también la importancia delcambio de escala para pensar los fenómenos estudiados. Por esta razón, suartículo representa una invitación al cambio de enfoque para superar laoposición clásica entre macro y micro, entre lo local, lo nacional y lo global,y para pensar de manera dinámica las interacciones entre estos distintosniveles.

En el libroya mencionado, Yankelevich (2003) analiza principalmente la recepción de larevolución mexicana por los círculos intelectuales capitalinos de AméricaLatina,8 con una perspectiva de ciertamanera "centralizada" por las capitales latinoamericanas, y queexcluye de facto las provincias. De la misma manera, y aunque con unenfoque geográfico distinto, Ricardo Melgar Bao (1992) desarrolla sus estudiosdesde lo que podríamos llamar un "centro desplazado", al considerarlas redes intelectuales limeñas exiliadas.

Considerandola ambiciosa propuesta de Werner y Zimmermann (2003), este artículo propone uncambio de enfoque, al trasladar el análisis de la recepción de la revoluciónmexicana desde la capital hasta las provincias, tomando como campo deobservación la ciudad de Arequipa, segunda ciudad del Perú y capital de unavasta región política y económica, el Sur Andino.

Si bien setendrá que tomar en cuenta la recepción del acontecimiento mexicano por loscírculos intelectuales peruanos de Lima,9la presente propuesta es distinta a lo que proponen Yankelevich (2003) y MelgarBao (1992) en los estudios mencionados. Respecto a lo teórico es relativamentesencilla: se basa en la idea de que el cambio de la capital hasta un ámbitolocal provinciano es siempre fuente de una renovación analítica, de una nuevaperspectiva historiográfica (Revel, 1996).

 

La revoluciónmexicana y la prensa arequipeña: ruidos y silencios

Desde unpunto de vista práctico, el presente estudio propone un análisis empírico deldiscurso arequipeño sobre la revolución mexicana, a partir de una revisiónsistemática de la prensa local en su conjunto. Para los años 1910 y 1920, elpanorama periodístico mistiano está dominado por los órganos liberales, talescomo El Ariete, fundado en 1901,10 y la prensa católicaconservadora, representada por el periódico El Deber, fundado en 1890.11Estos dos sectores del periodismo arequipeño polarizan la opinión local a lolargo de las dos décadas que nos interesan, cristalizando una fracturaimportante en la sociedad arequipeña de la época.12

Sin embargo,si bien el periodismo arequipeño conoce un importante desarrollo en las tresprimeras décadas del siglo XX, ofreciendo al historiador numerosas fuentes, larevolución mexicana aparece de manera muy episódica en sus páginas, al menosdurante los diez primeros años del conflicto. En efecto, el impacto de larevolución mexicana en las provincias peruanas, al igual que en muchas otrasprovincias latinoamericanas, fue mucho más limitado que en las capitalesnacionales, principalmente debido a una difusión más difícil de la información.Por lo tanto, el propósito del presente trabajo no será medir de maneracuantitativa la difusión de las ideas de la revolución en Arequipa, difusión detodas maneras muy limitada, sino analizar las diversas lecturas delacontecimiento por la prensa arequipeña para evaluar su impacto real sobre lasociedad local. De esta manera, se intentará documentar el desfase constante,tanto cronológico como ideológico, entre los sucesos mexicanos de los años 1910y 1920, y su recepción y comprensión por la ciudad sur andina.

En Arequipa,estando bastante aislada de las redes informativas internacionales paraentonces, la recepción de un acontecimiento lejano a través de informacionesparciales y tardías se mezcla automáticamente con preocupaciones meramentelocales. Es allí, en este proceso local de síntesis entre las pocasinformaciones llegadas de la revolución y los debates políticos y sociales locales,donde se puede realmente entender de qué manera la revolución mexicana fuecomprendida, lejos de los círculos intelectuales internacionales, y cómo sirvióde base para debates sociales y políticos que rebasaron por completo el ámbitonacional mexicano.

 

Arequipa,"segunda capital" del Perú

Si bien laciudad de Arequipa padece todavía de cierto aislamiento dentro de la red de lasgrandes capitales (nacionales y provincianas) latinoamericanas a inicios delsiglo XX, confinada entre el océano Pacífico y la cordillera de los Andes, nodeja de ser sin embargo una ciudad de gran importancia política y económica;para el Perú es su "segunda capital". Más aún, Arequipa funge hastabien entrado el siglo XX como una especie de "contrapeso" al podercentralizador limeño, representante de la región Norte, cuando Arequipacristaliza claramente los intereses económicos del Sur.13 Laoposición entre las dos ciudades es económica, pero también política ycultural; la región arequipeña es además un espacio político regionalista, enoposición constante con la capital del país y con la política centralizadora dela oligarquía tradicional limeña.

 

Arequipa,"la pistola que apunta al corazón de Lima"14

Antecualquier análisis detallado del discurso arequipeño tal como se define y sedesarrolla en las primeras décadas del siglo XX, cabe recordar la trayectoriahistórica tan peculiar de la capital mistiana, principalmente desde laindependencia del país en 1821.

Desde laindependencia del Perú, y a lo largo del siglo XIX, la ciudad de Arequipa esconsiderada por los peruanos, sean limeños o provincianos, como una ciudadrevolucionaria en su esencia, una ciudad en conflicto permanente con la capitaldel país, y por lo tanto una ciudad que representa a la vez una amenaza para launidad nacional y el poder central limeño, y cierto ideal de autonomíapolítica.

Esta fama sela ganó a través de repetidos levantamientos en contra del poder central: losarequipeños tomaron las armas en contra de Lima más de siete veces desde laindependencia y hasta los años 1850,15 ya sea para defender suvisión de la religión católica, o lo que consideraban la verdadera moralidadrepublicana. Si bien estos numerosos levantamientos ocurridos principalmente enla primera mitad del siglo XIX dejan de definir el actuar político arequipeñodespués de la Guerra del Pacífico (1879-1884),16contribuyeron sin embargo a forjar la identidad local, en torno a este"carácter revolucionario".

Claramenteregionalista, esta característica identitaria local se ve alimentada, a finalesdel siglo XIX e inicios del XX, por los mismos intelectuales arequipeños. Entremuchos ejemplos, cabe mencionar el opúsculo publicado en 1891 por elintelectual mistiano Jorge Polar (1856-1932) que dibuja con lirismo yentusiasmo el "alma arequipeña", revolucionario e independiente,resumido por esta afamada declaración: "no se nace en vano al pie de unvolcán". Orgullosos herederos del regionalista Jorge Polar (1891), losperiodistas arequipeños de los años 1910 y 1920 defienden también, aunque conmenos convicción quizá, esta identidad revolucionaria local, en un contexto deprofundos cambios políticos a escala local.

 

Arequipa enmutaciones: el conflicto entre liberales y conservadores

Al estallarla revolución mexicana, Arequipa se encuentra en un estado político y socialmuy diferente al que caracterizó su trayectoria a lo largo del siglo XIX. Laguerra del Pacífico contra Chile, terminada en 1884, deja la ciudad agotada ysobre todo humillada por una derrota después de la cual fue acusada decobardía.17 Los arequipeños se empeñan para entonces en reintegrarla nación, haciendo a un lado las tradicionales reivindicaciones localistaspara adoptar un discurso más directamente nacionalista.

Sin embargo,desde los años 1900, el espíritu rebelde arequipeño, si bien dejó de expresarsecon las armas, renace por la pluma de un grupo de intelectuales locales, unanueva generación de liberales caracterizados por su fuerte anticlericalismo18y por su oposición al centralismo político y económico de la capital. Estegrupo de intelectuales liberales se convierte en el verdadero motor cultural ypolítico de la ciudad en las tres primeras décadas del siglo XX, tanto por susactividades literarias como periodísticas. En los años 1900 y hasta finales dela década de los veinte, los liberales fundan un gran número de periódicos, asícomo varias revistas literarias que expresan también un afán de renovaciónintelectual al interior de una sociedad todavía muy conservadora. Es el casopor ejemplo de la revista Minerva, fundada en 1904 por un grupo dejóvenes arequipeños,19 pero también derevistas más directamente políticas como Páginas Libres, órgano de la"juventud radical", fundado en 1920.20

De manerageneral, estas publicaciones se abren paso con mucha dificultad en la capitalmistiana, dentro de una sociedad todavía regida por la jerarquía eclesiástica,ligada a los sectores aristocráticos tradicionales de la sociedad. Loshistoriadores arequipeños supieron sintetizar con gran claridad este estrechovínculo entre ambos sectores, que estructuran con rigidez la sociedadarequipeña hasta bien entrado el siglo XX:

En el Perú yde manera particular en Arequipa se identificaron con suma facilidad losintereses conservadores con los religiosos, ya que el poder de la Iglesia eraparte del poder aristocrático dominante. Ambos, poder civil conservador yjerarquía religiosa, velaban por la mantención y vigencia del statu quoobsoleto y anacrónico; defendían la tradición y la autoridad rígida, vertical ytambién paternalista; en una palabra presidían la sociedad decadentetradicional, heredera de relaciones económicas y valores culturales delcolonialismo español (Villena, 1979, p. 84).

A partir de losaños 1900, se desata un violento conflicto interno en la sociedad arequipeñaentre este importante grupo conservador y los liberales, quienes defienden unaserie de ideas novedosas sobre la sociedad, la política y la economía, apelandoa profundos cambios no sólo a escala regional, sino también en la políticanacional.21

Estas ideas fueronplasmadas en un primer momento en el periódico El Ariete, fundado porlos líderes del grupo liberal Lino Urquieta (1868-1920) y Francisco Mostajo(1874-1953), dos personajes importantes tanto en el ámbito local como en elnacional. El Ariete, publicado entre 1901 y 1911 (es decir hastaprincipios de la revolución mexicana) fue vocero durante una década de lasideas anticlericales y de una oposición política fuerte, tanto contra lamunicipalidad como contra el gobierno nacional. Si bien este periódico nuncapublicó la menor referencia al contexto político mexicano de finales delporfiriato,22 no deja de ser una referenciaimprescindible sobre el desarrollo de ideales revolucionarios en la ciudad deArequipa, en la primera década del siglo XX (véase imagen 1).

 

Losliberales arequipeños y los ideales revolucionarios

El periódicoEl Ariete, así como el grupo que lo editó, son de una gran importancia parael tema que nos interesa. El poeta y diplomático peruano José Santos Chocano(1875-1934), quien fue secretario de Pancho Villa y por lo mismo participó decerca en la revolución mexicana,23 dijo de los liberales arequipeñosque sus ideas eran hasta más revolucionarias que las ideas desarrolladas porlos mismos revolucionarios mexicanos. También podemos añadir que fueron, decierta manera, cronológicamente precursoras, ya que conocen su mayor intensidady difusión en los años 1900. De manera general, el actuar y el discursopolítico del grupo liberal arequipeño atestiguan un terreno favorable a undesarrollo revolucionario en la sociedad arequipeña de principios del siglo XX,en oposición a

las clases dominantes, representantes del gran capitalcomercial externo y la aristocracia terrateniente, liderados y hegemonizadospolíticamente por el núcleo comercial-terrateniente y personificadosinstitucionalmente en su lucha ideológica por la Iglesia católica y, engeneral, por todo el movimiento católico cuya expresión más concreta era eldiario El Deber (Fernández Llerena, 1984, p. 31).

Pero enrealidad, por más radicales que fueran los proyectos políticos de los liberalesarequipeños, nunca expresaron con claridad el deseo de armar una revolución encontra del poder central. La revisión de los archivos del periódico ElAriete no nos permite presentar a Lino Urquieta, Francisco Mostajo y susseguidores como partidarios de una revolución, por las escasas referencias a ladimensión realmente revolucionaria de su acción política. Proponen unadefinición más bien teórica y general de la revolución. En un largo editorialpublicado el 16 de diciembre de 1901, poco tiempo después de haberse fundado elperiódico, el responsable de la publicación y futuro líder del Partido Liberalindependiente local Lino Urquieta afirma de manera provocativa:

Sí, somosrevolucionarios; queremos la revolución, la ansiamos con patriótica avidez, laesperamos con ardiente sed de libertad; ya también la sentimos, ya la vemosvenir hermosa como ideal de juventud, ricamente engalanada con atavíos de reinafantástica. En pos de la revolución marchamos; pero es menester que se sepa loque nosotros entendemos por revolución [...] la revolución es para nosotros lareacción del presente opulento en ideas redentoras, contra el pasado agobiadopor todos los vicios de la decrepitud. Por revolución entendemos renovación devida en camino de progreso.24

Para losliberales arequipeños, y a pesar de un pasado local verdaderamente revolucionario,la revolución no es para entonces sinónimo de levantamiento armado, sino decambio profundo de la sociedad con reformas.

Los debatesque se armaron durante dos décadas contra los conservadores a través de laprensa y por medio de este tipo de artículos, tuvieron consecuencias fuertessobre la sociedad arequipeña, como lo subraya el historiador Francisco Villena(1979):

Elliberalismo arequipeño, al incorporar en su seno las distintas corrientes(matices) ideológicas nuevas que "irrumpen" en el ambiente culturalde la época, hegemonizado por la tradición y el dogmatismo religiosos, estáexpresando de un lado la existencia de un nuevo "terreno social",fértil para la recreación y expansión interna de dichas corrientes; vale decir,el nacimiento de grupos sociales e intelectuales que escapan al férreo controlideológico religioso que ejercía la Iglesia y el movimiento conservador laico(p. 106).

En otrostérminos, si los liberales arequipeños no expresaron su descontento social ypolítico por medio de un levantamiento armado, sin embargo sentaron las basespara una profunda renovación social, como lo demuestran por ejemplo losmovimientos obreros y las numerosas huelgas que se dan en Arequipa a partir delos años 1900.25

Ahora eneste contexto de profundos cambios sociales, con un motor político aseguradopor los liberales y una tradición revolucionaria local hasta proverbial, llamala atención la ausencia de todo movimiento revolucionario armado en Arequipa aprincipios del siglo XX.26 Y es allí donde el estudio del impactolejano de la revolución mexicana en la capital sur andina revela su verdaderopotencial analítico.

¿Por qué, encontextos parecidos de profundo descontento social y político, la revoluciónque estalló en México no pudo arrancar en el Perú a pesar de un terreno localfavorable? La respuesta a esta importante pregunta no cabe en el marco delpresente artículo, por requerir un análisis mucho más profundizado y detalladode los múltiples factores involucrados. Sin embargo el estudio de la recepciónarequipeña de la revolución mexicana nos brinda una introducción interesante ala reflexión. La recepción tardía de los sucesos mexicanos por la prensa localde Arequipa explica un desfase constante entre el desarrollo de cada nuevaetapa del proceso revolucionario y su lectura por la prensa arequipeña, quieninterpreta entonces el suceso a la luz de las preocupaciones locales delmomento y con una visión fragmentada del fenómeno revolucionario. Originandocierta incomprensión por parte de los lectores arequipeños, este desfaseilustra contrariamente el impacto ideológico multifacético de larevolución mexicana más allá de las fronteras mexicanas. Al respecto, el casoarequipeño resulta especialmente ilustrativo.

 

La revolución mexicana en Arequipa: una recepción limitada y desfasada

Lasinvestigaciones comparativas desarrolladas en la tesis de doctorado realizadasobre México y Perú entre los años 1880 y 1930 mostraron claramente que, antesde la revolución mexicana, los contactos entre los intelectuales mexicanos ylos peruanos eran casi inexistentes (Martin, 2013, pp. 622-637).

En estaperspectiva, la revolución mexicana aporta un gran cambio, al poner en contactoa los intelectuales de los dos países, así como de los países de América Latinaen su conjunto.27 El exilio forzado de varios de estos intelectualesfavorece estos intercambios. En 1916, Vasconcelos reside en Lima, donde entraen contacto con los intelectuales peruanos de la llamada Generación del 900(Chavarría, 1970) como Víctor Andrés Belaúnde (1883-1966) y Ricardo Palma(1833-1919); en 1921 el filósofo Antonio Caso (1883-1946) es nombrado embajadorde México en el Perú.28 A su vez, los intelectuales peruanos hacentambién el viaje hacia México, donde desarrollan intercambios fructíferos conla generación de intelectuales formados con los ideales revolucionarios. Alrespecto ya se mencionó la relación entre Pancho Villa y José Santos Chocano(Yankelevich, 2003); cabría mencionar también el exilio de Haya de la Torre en1923 (véase Melgar, 2005, pp. 65-103).

En Perú,José Carlos Mariátegui desarrolla un análisis detallado y recurrente de losideales revolucionarios mexicanos en varias publicaciones. Primero en larevista limeña Variedades, entre 1926 y 1929, donde compara elindigenismo de Vasconcelos con el indigenismo peruano. Un poco más tarde larevista Amauta (véase Melgar, 2012) fundada también por Mariátegui,funge como un eje de reflexión e intercambio entre los intelectuales de los dospaíses (González Calzada, 1980).

Estosmúltiples contactos participan paulatinamente en la elaboración de una redintelectual relativamente amplia en América Latina, alrededor de un ejeMéxico-Perú fundamentado principalmente por las teorías indigenistas y un nuevoideal de unidad nacional.29

 

¿Unacomunicación limitada y manipulada? El problema de las fuentes

A pesar de laprogresiva formación de una red de intercambios entre intelectuales de México yde Perú, así como de la estrategia de comunicación desarrollada por parte delos revolucionarios mexicanos —estrategia ya bien documentada por loshistoriadores—,30 el alcance real de las informaciones difundidassobre el conflicto militar en México quedó bastante reducido fuera de las redesintelectuales y diplomáticas capitalinas. La revisión detallada de los archivosde prensa conservados para la ciudad de Arequipa en los años 1910 y 1920 nosinforma sobre la comunicación reducida y limitada de los acontecimientosrevolucionarios en las provincias sureñas del Perú. La información llegabaexclusivamente desde la capital del país, retocada por los periodistas localesque le solían dar el toque adecuado al periódico y para el lector local. Estapresentación parcial de una información indirecta es lo que realmente interesaal historiador, en la medida en que nos informa sobre la recepción exacta de larevolución mexicana en estas lejanas tierras mistianas.

Sin embargo,esta transmisión indirecta de la información representa un verdadero problemametodológico para el historiador en cuanto al "rastreo" de lasfuentes. El largo camino recorrido por la información desde los campos debatalla mexicanos hasta los lectores arequipeños, pasando por las oficinas depropaganda mexicanas, las agencias de prensa estadunidenses —sea la que sea suorientación ideológica—, y las dependencias periodísticas limeñas, no deja deplantear un serio desafío al historiador. ¿Cómo saber de dónde provieneexactamente la información publicada en la prensa arequipeña? ¿cómo identificar con certeza la pluma responsable de estosbreves apartados en las columnas del periódico mistiano? Sin pretender resolvereste arduo problema historiográfico, que a su vez requeriría de unainvestigación detallada, hace falta tener en mente este complicado y a vecesmisterioso recorrido de la información, en la medida en que explica por sí solola gran confusión que se genera a veces en la prensa arequipeña sobre losacontecimientos mexicanos.

Yankelevich(2003), en la introducción del libro, recuerda el hecho de que gran parte delas informaciones difundidas en América Latina sobre la revolución fueron"generadas en los círculos del poder estadunidenses [y que] masivamentedifundidas, se empeñaron en transmitir la idea de una realidad anárquica y debarbarie" (p. 14). Si bien esta aserción merecería sin duda ciertamatización, la prensa arequipeña ilustra esta observación, ya que más de lamitad de las notas publicadas en la capital mistiana sobre la revoluciónmexicana, o bien se refieren a la participación de Estados Unidos en elconflicto,31 o llegan directamente de lasciudades de Washington,32 Nueva Orleans,33 etc. Estaproveniencia estadunidense de la información difundida en Arequipa sobre larevolución mexicana explicaría, en parte, cierta orientación ideológica de lasnoticias a su vez publicadas por la prensa mistiana.

 

Una percepcióndes fasada de la revolución mexicana

Las primerasinformaciones realmente detalladas que aparecen en la prensa are-quipeña sobrela revolución mexicana salieron a mediados de 1912, durante la presidencia deFrancisco I. Madero, en el periódico El Sur.34 El periódicoresalta para entonces un elemento que se hará constante en la prensa localdurante todo el periodo revolucionario, es decir, la idea de una granconfusión, la dificultad para entender realmente el por qué y el cómo de larevolución, para identificar las distintas facciones. El Sur publica porejemplo el breve apartado siguiente: "A consecuencia de las victorias yderrotas de gobiernistas y rebeldes, no se ve todavía claro el desenlace de larevolución."35 Este tipo de información, muy poco precisa, seencuentra a menudo en los artículos publicados por la prensa arequipeña, almenos durante la primera etapa maderista. Se expresa de manera recurrente unsentimiento de caos, una dificultad para definir cuáles son realmente los bandosideológicos en oposición. Se resumen por "gobierno" y"rebeldes", pero no se sabe el fondo del conflicto.

La escasainformación llegada desde México hasta Arequipa alimenta claramente estaconfusión. El diario El Pueblo publica así el 1 de enero de 1911 estasimple línea sobre el conflicto, titulada "México: Ataque a los rebeldes.Muertos y heridos".36 Frente a este tipo de"información", sin ningún dato geográfico, político, cronológico opersonal, es legítimo preguntarse ¿qué es lo que la población arequipeña podíarealmente entender del conflicto mexicano?

Con lallegada de Victoriano Huerta a la presidencia en 1913, la información difundidaen Arequipa se hace más precisa y recurrente, y el análisis del conflicto másideológico. La prensa local documenta en un primer momento el fallido procesoelectoral que conduce a Victoriano Huerta al poder, así como los avances de lastropas de Pancho Villa.37 Para entonces Victoriano Huerta espresentado de manera claramente negativa, calificado de "diabólico"por la prensa local.38 Por el contrario, se tiene una visión máspositiva de Porfirio Díaz, para entonces considerado como "cada día másgrande y más necesario para su patria".39

A su vez, lacampaña militar del Ejército constitucionalista liderada por VenustianoCarranza ocupa de manera regular las columnas de la prensa mistiana, que sehace para entonces el eco de la propaganda revolucionaria desarrollada por losopositores a Victoriano Huerta. El 22 de agosto de 1914, el periódico LaBolsa relata el entusiasmo de la población de la ciudad de México almomento de la llegada de Venustiano Carranza a la capital mexicana:

México, 21.El día de ayer hizo su entrada a esta capital el general don Venustiano Carranza,que ha sido el jefe triunfante de la última revolución. El pueblo lo recibióentusiasmado, haciéndole una grandiosa manifestación de simpatía. Toda lapoblación se hallaba embanderada y se levantaron varios arcos triunfales entodo el trayecto que le tocó recorrer. Es además objeto de grandes atencionessociales y se le prepara un gran banquete.40

La escasezde archivos de prensa para los años 1915 a 1918 no nos permite documentar lalectura que hicieron los arequipeños de la instalación efectiva de los sonorensesen el poder, y tampoco de los primeros años del gobierno revolucionario. En1919, el periódico El Heraldo publica algunas notas sobre la campaña dePancho Villa en el norte,41 sin hacermención del actuar gubernamental de Venustiano Carranza.

Hay queesperar hasta el año 1920 para que la prensa arequipeña empiece a documentarlas medidas de pacificación emprendidas por Venustiano Carranza42así como el proceso electoral de febrero del mismo año,43 subrayandolos numerosos disturbios que acompañan este proceso en las provincias.44Si bien a lo largo de 1920 la prensa mistiana documentó con bastante interés elascenso de Álvaro Obregón al poder, no disponemos de los archivos de prensasuficientes como para conocer la recepción de sus años de gobierno en la prensaarequipeña. En efecto, hay que esperar hasta 1926 y el estallido del conflictocristero para que los periódicos de Arequipa hagan nuevamente una coberturadetallada de los sucesos mexicanos.

 

Hacia unalectura local del conflicto mexicano

A pesar deser una ciudad tradicionalmente revolucionaria y orgullosa de este históricoafán de rebeldía política, Arequipa considera la revolución mexicana como unacontecimiento globalmente negativo, en cada etapa de su desarrollo. La prensamistiana subraya constantemente las terribles consecuencias de la revoluciónsobre la nación mexicana, manifestando por lo mismo cierta incomprensión frentea los sucesos mexicanos.

Elvocabulario utilizado por la prensa local en su conjunto para referirse a larevolución es una ilustración de esta percepción: no se habla tanto de"revolución", término que remite a una realidad positiva en elimaginario arequipeño, sino de "guerra civil".45 Ladistinción entre los dos términos es importante, sobre todo en el contextoarequipeño. A los arequipeños, la "guerra civil" les recuerda lasituación en la que se encontró el Perú a partir de la invasión chilena, conuna división de la población nacional que llevó finalmente a la victoria dechile sobre Perú. El término "rebelde", utilizado para designar a losrevolucionarios, también es significativo: la revolución mexicana no estáconsiderada como una lucha justa, legítima.46

A partir de1913-1914 principalmente, la prensa de Arequipa evoca de manera recurrente lasgrandes dificultades sociales y económicas encontradas por la poblaciónmexicana, así como la situación de violencia que azota al país. Un ejemploentre muchos: el 24 de diciembre de 1913, en el periódico El Sur sedescribe con angustia la amenaza revolucionaria sobre la capital mexicana:

Los rebeldesque últimamente han obtenido varias victorias sobre las tropas del gobiernoavanzan sobre la capital. Se cree que en el próximo mes de enero asediarán estaciudad. Los revolucionarios continúan cometiendo todo género de extorsiones yabusos en los pueblos de paso, sembrando el pánico por todas partes. En estacapital la situación es de la más angustiosa. Reina una gran miseria y lacarestía de víveres es cada vez mayor.47

En elpanorama periodístico local arequipeño, cabe señalar que la prensa católica esla más crítica del movimiento revolucionario mexicano, haciéndolo responsablede la situación económica desastrosa de México en estas fechas. El 28 de julio de1915, el periódico católico La Luz describe la situación mexicana enestos términos:

Uno de losdesastrosos efectos del gobierno constitucionalista, es el hambre que se sientepor todas partes hasta tal punto que algunas personas han perecido por falta dealimentos. En México, Guadalajara, Veracruz, Querétaro, Monterrey, Torreón,etc., etc., el pueblo se ha lanzado a la calle pidiendo pan y trabajo, tomandoen puntos un aspecto amenazador.48

Estapercepción sumamente negativa del conflicto mexicano, si bien se debe en partea la estrategia de propaganda desarrollada por Estados Unidos, también apela acomentarios específicos por parte de los mismos arequipeños, que interpretan elacontecer revolucionario en México en relación con sus propias preocupaciones eideologías. Esto queda muy claro en el caso de la prensa católica sobre todo.

El 28 dejulio de 1916, en un número especial dedicado a la conmemoración de laindependencia peruana —y por ende un número de amplia difusión—, La Luzpublica un largo artículo titulado "Lo que puede el liberalismo", enel cual demuestra con cinismo e ironía el fracaso del liberalismo, a partir delejemplo mexicano.

Lo que puedeel liberalismo. Ya lo hemos visto en México. En ningún otro país se ha hecho,tal vez, una prueba tan patente de la importancia de ese sistema para hacer auna nación feliz. Durante más de 50 años ha dispuesto dictatorialmente de todaslas riquezas y energías de la nación. Ha mandado en todas las esferas sincompetencia posible [...] Y cuál ha sido el resultado?[...] No produjo más que un traje exterior de prosperidad material quefavoreció a pocos, gran parte de ellos extranjeros, mientras ocultaba la másprofunda corrupción y desorganización de que nos dan tan bellas muestras losactuales reformadores.49

En estebreve párrafo se ve claramente ilustrada la manera en que la oposición de loscatólicos al sistema liberal utiliza el conflicto mexicano para amenazar yasustar a una población arequipeña cada vez más convencida por los idealesliberales.

El 1 dediciembre del mismo año, La Luz esboza un panorama espantoso de lasituación en la que se encuentra la población mexicana. Habla de

la depreciación del papel moneda, la carestía enciertos puntos aun de los artículos de primera necesidad, los precios elevadosa que hay que comprarlos cuando a duras penas puede conseguirse, lasenfermedades contagiosas que se dejan sentir en varios distritos, lainseguridad de vidas y propiedades por la abundancia de bandidos y rateros ypor la poca confianza que inspiran los mismos gobernantes etc., etc.50

Esta críticaferoz del movimiento revolucionario mexicano y de sus consecuencias sobre lapoblación mexicana permea también los círculos universitarios arequipeños.

En untrabajo que presentó el joven arequipeño Eduardo Pineda y Arce en 1915 ante laUniversidad de Arequipa para obtener los títulos de doctor en Derecho yabogado, desarrolló una comparación de los diferentes sistemas federales que seencuentran en el continente americano, tratando de evaluar el respectivo éxitode dichos sistemas. Para Pineda y Arce (1915), el ejemplo mexicano es unfracaso, cuyas consecuencias se expresan justamente en los acontecimientosrevolucionarios.

México esuna república federal en nombre, por más que su constitución política [...]prescribe en letras de molde que el sistema de gobierno mejicano [sic]es el federativo. [...] México se abate hoy en la guerra civil más terrible delas que registra la historia de los países de este continente; porque México nofue libre ni practicó la democracia bajo la tiranía del presidente Díaz. EnMéxico no ha fracasado el régimen federal, sino que hoy pugna, por elcontrario, a hacerse verdaderamente federal (p. 38).

Percibidacomo la consecuencia de una traición del ideal federal por Porfirio Díaz, larevolución mexicana se ve instrumentalizada en el discurso local arequipeño. Elargumento favorece entonces el regionalismo local y un ideal políticofederativo, que es uno de los grandes debates que se dan en Arequipa en laprimera mitad del siglo XX. En otros términos, para evitar caer en el mismodesastroso destino que México, es necesario orientar la nación peruana hacia undesarrollo verdaderamente federativo, que tome en cuenta los intereses locales.Dieciséis años después de este discurso presentado por Eduardo Pineda y Arce,la revolución descentralista liderada por los liberales arequipeños viene a confirmarlo asertivo de esta advertencia.51

Si bien larevolución mexicana sirve aquí de contraejemplo en la argumentación políticaarequipeña, esta instrumentalización del conflicto mexicano por parte de losperiodistas arequipeños es aún más patente cuando se trata de la cuestiónreligiosa, tema fundamental en la sociedad de Arequipa.

 

La contrarrevolución cristera y la movilización arequipeña

Si en eltrato que hicieron de la revolución mexicana en su primera década, losperiódicos arequipeños se limitaron muchas veces a publicar notas neutrales sintomar realmente posición a favor de una u otra de las facciones involucradas, desarrollaronal contrario un discurso mucho más firme, indignado y muchas veces atemorizadoa finales de los años 1920, cuando se desató el conflicto religioso en México.52En la prensa arequipeña se expresa para entonces no sólo una oposición clara ala política anticlerical de Plutarco Elías calles, sino también una verdaderapreocupación por la situación de los católicos mexicanos.

 

Revolución ypersecución religiosa: la consternación de Arequipa

Si Arequipasuele ser considerada como la ciudad revolucionaria del Perú, también esconocida como la "Roma de América Latina", por la profundareligiosidad de sus moradores, al igual que por su conservadurismo social.53Esto explica que a partir de 1926, cuando empieza el movimiento cristero enMéxico, la prensa arequipeña viva un despertar brutal frente a losacontecimientos mexicanos, dedicando cada vez más columnas al asunto.

De maneralógica, la prensa católica de la ciudad fue la primera en indignarse de laspersecuciones infligidas a la población católica en México. El periódico LaColmena, vocero del círculo de Obreros católicos de Arequipa, publica conregularidad largos artículos sobre las torturas y matanzas sufridas por loscatólicos en México. Un ejemplo entre muchos: el 7 de enero de 1928, LaColmena relata la historia de un joven obrero de Guanajuato, arrestado porel ejército por ser cristero, torturado en la cárcel y finalmente ejecutado.54De la misma forma, el periódico publica dos semanas después el relato horrorosode un cura quemado vivo, junto con los objetos de culto encontrados en laiglesia de un pequeño pueblo de Jalisco.55

Losartículos, refiriendo lo ocurrido en México respecto a los católicos y másespecíficamente a los cristeros, se difunden con una intensidad creciente en laciudad de Arequipa, no sólo en la prensa católica sino en todos los periódicosde la ciudad. El diario El Pueblo publica a su vez varias notas sobre elasunto, aunque sin tanta indignación, dando a conocer la reacción pontifical56o las nuevas medidas tomadas por el gobierno mexicano en contra de lossacerdotes.57

De la simpleconstatación indignada de la situación del catolicismo en México, la sociedad arequipeñapasa rápidamente a una oposición más concreta, impulsada desde el propiogobierno peruano. Lo que nos permite entender que, si la información recibidaen Arequipa está estrechamente ligada a la intervención estadunidense, tambiénlo está cada vez más al propio gobierno peruano.

 

De la consternación a la solidaridad activa con México

La Colmena reproduce en su editorial del 11 de febrero de 1928 una comunicacióndel presidente Leguía bajo el título significativo de "El reinado delterror en Méjico [sic]", en la cual ataca directamente aPlutarco Elías calles, el "tiranuelo":

A pesar delrigor de la censura cablegráfica y periodística, han llegado hasta nosotros loslamentos de todo un pueblo oprimido bajo la tiranía de un gobierno masón yprotestantizante [sic]. Méjico [sic]!... Ese pueblo de gloriosastradiciones católicas; ese pueblo de una fe ardiente de la que en todo tiempoha dado gallardas pruebas, sufre en estos momentos y desde hace dos años la másinjusta y cruel de las persecuciones de parte de unos cuantos desalmados que sehan apoderado del poder y son dóciles instrumentos en manos de la masoneríacarbonaria aliada con el protestantismo norteamericano hambriento de venganza yanhelosos de desquitarse de los triunfos del catolicismo en otras partes delmundo.58

Este primerpárrafo, introducción a un largo discurso, indica claramente la interpretaciónque se da de la revolución mexicana en las más altas esferas públicas en elPerú. La revolución mexicana es la expresión sangrienta de una doble amenazapara el catolicismo, una amenaza a la vez religiosa (por el protestantismo)como política e ideológica. Por lo tanto, la postura anticlerical del gobiernode Plutarco Elías calles ya no es un asunto nacional, sino que se vuelve unapreocupación continental, para defender los valores católicos tradicionales,los valores que "hicieron" a América Latina. Cabe recordar allí elapego del presidente peruano Augusto B. Leguía al catolicismo, sobre el cualfundamenta parte de sus discursos políticos (Klaiber, 1999, pp. 493-521).

Estediscurso del presidente peruano conoció una recepción de lo más favorable entrela población arequipeña. El mismo día se formaron en la ciudad mistiana doscomités —uno de señores y otro de señoras—, encabezados por el obispo deArequipa Mariano Holguín, y encargados de rezar para "la cesación de lascalamidades que afligen a nuestros hermanos de Méjico [sic]".59

Más allá dela solidaridad con los católicos mexicanos, el asunto pronto se vuelve tema de debateen la sociedad arequipeña, llegando a dividir a la opinión pública, y provocarimportantes enfrentamientos discursivos en los periódicos de la localidad. El25 de febrero de 1926, La Colmena publica una refutación a un artículopublicado en el diario Noticias60 la semana anterior,artículo que no fue posible ubicar, pero que —según el periodista de LaColmena—, hace "la apología de la persecución religiosa que en estosmomentos y desde hace más de dos años viene ensangrentando el suelo mejicano[sic]".61 En realidad, el periodista de Noticias estáacusado de considerar el conflicto religioso en México como un asunto meramentepolítico y ligado a la política agraria del gobierno mexicano, y por lo mismode negarse a reconocer a las víctimas del conflicto el "estatus" demártir de la fe (véase imagen 2).

Si bien losargumentos invocados en esta refutación presentan poco interés en sí, cabesubrayar una importante evolución en la recepción de los acontecimientosmexicanos. Desde los escasos comentarios suscitados por el estallido delconflicto armado en México a inicios de los años 1910, la opinión arequipeña semoviliza cada vez más en torno a la lucha religiosa de finales de la década delos veinte, a través de numerosos debates en los cuales el movimiento cristeroestá claramente instrumentalizado por los católicos arequipeños, en la defensade sus propios intereses locales.

Estamovilización creciente de la población católica arequipeña en torno a lapersecución de los católicos mexicanos por el gobierno de Plutarco Elías callestiene que entenderse también en un contexto de agilización de los circuitos deinformación entre México y Perú. La población mistiana tiene un acceso másrecurrente a la información sobre los sucesos mexicanos, lo que permite unmejor conocimiento de lo que está sucediendo en cada provincia de México.

Dicho eso,las numerosas reacciones provocadas en Arequipa por el conflicto religiosomexicano encuentran una explicación lógica en el carácter profundamente religiosode la capital mistiana. Por lo tanto, los debates que se desataron en lasociedad arequipeña a raíz del conflicto cristero se alimentaron rápidamente dediscusiones locales, en las cuales los bandos conservadores y liberales tomaronposición respecto a la situación mexicana, involucrando siempre argumentos eintereses meramente locales.

 

Epílogo

A manera deconclusión, podemos afirmar que, si bien es cierto que durante los primerosaños del conflicto revolucionario en México fueron muy pocas las informacionesque se difundieron directamente en Arequipa, el estudio de la recepción localdel acontecimiento permite esbozar interesantes líneas de interpretación,distintas a las que surgen de un estudio desde la capital nacional o desde elmismo México.

Primero, elestudio de la recepción de la revolución mexicana en las provincias peruanaspermite documentar la difícil difusión de la información sobre losacontecimientos revolucionarios, a pesar de las estrategias comunicativasdesarrolladas por los revolucionarios mexicanos. También, permite ubicar ciertamanipulación de la información en distintos niveles —desde Estados Unidos hastael mismo gobierno peruano leguista—, y su evolución a lo largo de dos décadas.Se trata ahí de una problemática clásica para quien estudia la prensa deinicios del siglo XX.

Luego, elpresente estudio da a entender el profundo desfase ideológico que existe entrediferentes sectores de la población nacional peruana a inicios del siglo XX, larevolución mexicana arrojando una luz nueva sobre estas rupturas internas. Porun lado, la recepción del contenido ideológico de la revolución por las elitesintelectuales nacionales resultó ser bastante positiva e inspiradora. Haya dela Torre y Mariátegui son dos buenos ejemplos de esta recepción positiva, yaque los debates en torno al acontecer revolucionario fueron para ellos unafuente de reflexión fructífera en la elaboración de su propio pensamiento. Porotra parte, la recepción de la revolución mexicana por un público más amplio,sostenida por la prensa en su conjunto, mostró, al contrario, lectores muy pococonvencidos de las ambiciones de los revolucionarios mexicanos.

En realidadel desfase es doble. Ante todo es material, ya que ilustra una difusiónbastante desigual de la información internacional entre Lima y el resto delpaís. Se tiene que esperar hasta la década de los treinta para que eldesarrollo de las transmisiones radiofónicas sobre todo permita una difusiónmás pareja de la información en todo el país. Pero el desfase es tambiénideológico, entre los ideales liberales, revolucionarios y hasta marxistasdefendidos por algunos intelectuales como Mariátegui, y gran parte de lapoblación peruana todavía muy apegada a una organización tradicional de lasociedad, con valores católicos conservadores, y que ve la revolución mexicanasi no como una amenaza, al menos como una anomalía.

De estarecepción, que podríamos calificar de "negativa", se inicia ciertasolidaridad con el pueblo mexicano considerado como una víctima de sus mandatariosrevolucionarios, solidaridad fortalecida por el asunto religioso, como lomuestra un análisis en el ámbito local, en una ciudad tan católica como lo esArequipa. En efecto, el tema religioso parece ser el que más interesa a lapoblación arequipeña, que ve en el conflicto mexicano una ilustración de supropia lucha en contra del liberalismo creciente.

El debatelocal desarrollado en torno a las informaciones que llegan del conflictoreligioso en México muestra claramente cómo el sentir religioso constituyó unaespecie de contrapeso, si no es que una barrera, a cualquier movimientorevolucionario en Arequipa. En sus memorias, el intelectual y político deorigen arequipeño Víctor Andrés Belaúnde (1960) explicaba el éxito políticolimitado de los liberales arequipeños por su anticlericalismo, que iba encontra del sentir profundo de la población arequipeña, por más deseosa decambio social que estuviera. El presente estudio sugiere una misma explicacióna la ausencia de cualquier movimiento revolucionario en Arequipa a inicios delsiglo XX, a pesar de presentar un terreno social favorable. El movimientorevolucionario mexicano tal como evoluciona a finales de la década de losveinte, con el potente anticlericalismo que caracteriza la política de PlutarcoElías calles, explicaría entonces el total rechazo del acontecimiento por lasociedad arequipeña, cuya identidad radica justamente en un sutil equilibrioentre afán revolucionario, religiosidad y regionalismo, como lo muestra larevolución finalmente lograda de 1931.62

 

Lista dereferencias

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Notas

* El títulodel presente artículo es una referencia al trabajo publicado en 1992 por elhistoriador Ricardo Melgar Bao en la revista Cuicuilco, bajo el títulode "Lecturas andinas de la revolución mexicana".

1 Remitimos al lector al artículo citado anteriormente, así como sutrabajo más reciente sobre Haya de la Torre y su exilio a México.

2 Sobre este importante juego de escala argumentado por el autor, véasela página 12 de su introducción.

3 El adjetivo "mistiano" está comúnmente utilizado parareferirse a la ciudad de Arequipa, fundada al pie del volcán Misti.

4 El concepto de "transferencias culturales" aparece enlas ciencias sociales francesas en los años ochenta, y corresponde tanto a uncampo de investigación empírica como a una orientación metodológica, dentro delcampo más amplio de la historia cultural. El estudio de las "transferenciasculturales" tiene como principal objetivo analizar las interacciones entrelas culturas y las sociedades en su dinámica histórica, dando a entender losfenómenos de difusión, recepción, reinterpretación, etc., que las constituyen.Para una definición desglosada de este concepto historiográfico, véase Mesure,2006.

5 En este artículo el autor discute la teoría de las transferenciasculturales, haciéndola dialogar con las teorías del comparatismo en historia.

6 Werner y Zimmermann (2003): "La historia cruzada pone enrelación, muchas veces en el marco nacional, las formaciones sociales,culturales y políticas de las cuales suponemos que tienen un contacto entresí" [traducción de la autora] (p. 8).

7 El vínculo teórico y metodológico entre la historia comparada y elcambio de escala de lo nacional a lo regional fue explorado, por ejemplo, porel historiador Betancourt Mendieta (2008, pp. 94-117).

8 Véanse por ejemplo los capítulos sobre el intelectual colombiano JoséMaría Vargas Vila o sobre el porteño Manuel Ugarte.

9 Entre muchos intelectuales vinculados a los círculos intelectualeslimeños, cabe mencionar desde ahora a Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979),que fundó el APRA en México durante el proceso revolucionario, así como a JoséCarlos Mariátegui (18941930). Si bien no nacieron en la capital peruana, es ahídonde desarrollaron la mayoría de sus trabajos y redes, y por lo tanto son dosgrandes figuras de la intelectualidad peruana de los años 1920-1930, quienescomentaron en varios de sus estudios la revolución mexicana.

10 También se podrían mencionar los periódicos liberales El AjíVerde, fundado en 1910, El Heraldo, fundado en 1917 y abiertamenteregionalista, El Volcán, fundado en 1911, etcétera.

11 Existen también otras publicaciones católicas en esta época,aunque de menor difusión que El Deber, como es el caso de La Colmena,fundada en 1923, o de La Bolsa, fundada en 1880 y publicada hasta el año1914. Este último periódico es uno de los periódicos más importantes de laciudad de Arequipa, tanto por su larga duración como por su amplia difusióndentro de la sociedad mistiana. Es de tendencia católica moderada.

12 La mayoría de estos periódicos estaba conservada, hasta el año 2011, enel fondo "Francisco Mostajo" de la Universidad Nacional San Agustínde Arequipa, fondo ahora disperso dentro de la biblioteca de esta mismauniversidad. Algunos ejemplares de El Ariete, La Bolsa y El Deberse encuentran también en la hemeroteca de la Biblioteca Nacional del Perú, enLima.

13 El historiador estadunidense Gootenberg (1991) estudió y documentó endiferentes trabajos esta importante fractura entre dos sistemas económicos ypolíticos claramente diferenciados a partir de inicios del siglo XIX: por unlado el Norte de las grandes haciendas azucareras y del guano, regiónorganizada por la oligarquía limeña, y por el otro lado el Sur, caracterizadopor pequeñas propiedades agrícolas, producción lanera y explotación delsalitre, hasta los años 1880: "en el Perú postindependencia, la línea deruptura fundamental en el conflicto regional era una línea Norte-Sur, la delnorte limeño contra la costa arequipeña sureña. Las fuentes de diferenciaciónnorte-sur eran muchas: legados institucionales coloniales diferentes, la fuerzacentrífuga de la balcanización de los años 1820, formas contrastadas depenetración en el extranjero, el auge dicotómico de las cuencas económicas delPacífico y del Atlántico, los patrones globales de desarrollo y decliveregionales, visiones encontradas de la integración al Perú como nuevopaís" [la traducción es de la autora] (pag. 2).

14 La expresión es del historiador peruano Jorge Basadre (1903-1980).

15 Estas sucesivas rebeldías del pueblo mistiano contra el podercentral limeño fueron objeto de varios estudios por parte de los historiadoresarequipeños, desde los testimonios dejados por el deán Juan Gualberto Valdivia(1874), hasta el artículo publicado por Carpio Muñoz (1982).

16 El conflicto que opone Chile a Perú y Bolivia en estos añosexplica una postura mucho más nacionalista, patriota, y menos regionalista deArequipa, al menos hasta inicios de los años 1930. Después del últimosublevamiento decimonónico de Arequipa, en 1854, se tiene que esperar casi ochodécadas para que los arequipeños tomen nuevamente las armas en contra del podercentral, durante la "revolución descentralista" de 1931, que derrocaa Augusto B. Leguía, después de once años de dictadura (Renique, 1979).

17 Para una perspectiva sobre esta "leyenda negra" nacida a raízde la guerra del Pacífico y según la cual los soldados arequipeños hubieranhuido del enfrentamiento con el ejército chileno sin pelear, remitimos allector al trabajo de Santos Mendoza (2003), así como al estudio coordinado porCarpio, Escudero, Linares, Málaga y Quiroz (1991).

18 El historiador arequipeño Héctor Ballón Lozada considera estageneración de liberales de los años 1900-1920 como la tercera generación,heredera de los ideales defendidos por sus mayores en el siglo XIX (BallónLozada, 2009, p. 99).

19 (10 de octubre de 1904). Por lo ideal. Minerva. Arequipa.

20 Páginas Libres publica su primer número el 13 de noviembrede 1920.

21 Existe una amplia bibliografía sobre las ideas y actividades de los intelectualesliberales arequipeños a principios del siglo XX, así como de los nexos con losliberales capitalinos. Véanse por ejemplo los trabajos de Fernández Llerena(1984), así como de Villena (1979).

22 La única referencia a México que logramos ubicar en los archivos de ElAriete tiene como fecha el 6 de agosto de 1902, en un artículo que criticael afrancesamiento cultural y lingüístico de México, subrayando el matiz máspolítico que cobran las influencias europeas en el Perú. (6 de agosto de 1902).Las Huelgas. El Ariete, Arequipa. De manera general, no hemos logradoubicar referencias al porfiriato en la prensa arequipeña de los años 1880 a1910. La prensa mistiana no tiene para entonces un acceso regular a lainformación sobre lo que está sucediendo en México, razón por la cual enArequipa no se tuvo ninguna visión específica del régimen de Porfirio Díaz,sino hasta los años 1920. Se tiene que esperar hasta la década de 1920 para quelos intelectuales arequipeños desarrollen cierto análisis del porfiriato, demanera retrospectiva y a partir de lo que saben de la revolución mexicana. Unejemplo: el 21 de junio de 1924, la revista arequipeña Fiat Lux publicaun largo artículo de reflexión general sobre las tiranías en el mundo,mencionando sin más detalle "la tiranía estúpida del general PorfirioDíaz" (21 de junio de 1924). La libertad del pensamiento. Fiat Lux.Arequipa.

23 Pablo Yankelevich (2003), dedica un capítulo a este personaje y a susactividades diplomáticas, subrayando los importantes intercambios intelectualesque unen a los revolucionarios mexicanos con los intelectuales peruanos, en lasprimeras décadas del siglo XX.

24 Lino Urquieta. (16 de diciembre de 1901). Pues bien, sí, somosrevolucionarios. El Ariete. Arequipa. Véase imagen 1.

25 Para más información sobre las relaciones entre el movimientoliberal y las manifestaciones obreras, consultar el trabajo de FernándezLlerena (1984). Véase específicamente el segundo capítulo del libro, quepropone una síntesis de las diferentes huelgas organizadas en Arequipa en lasprimeras décadas del siglo XX.

26 El primer levantamiento armado liderado por Arequipa en el sigloXX se da hasta 1931, con la llamada "revolución descentralista" quedesemboca en el derrocamiento de la dictadura de Augusto B. Leguía, y tienecomo propósito abogar a favor de una organización más descentralizada de lapolítica nacional.

27 En esencia, es lo que demuestra Yankelevich (2003).

28 (15 de julio de 1921). Manifestación a Palma. El Pueblo.Arequipa.

29 El historiador chileno Eduardo Devés Valdés publicó un importantey detallado trabajo sobre las redes intelectuales latinoamericanas a inicios delsiglo XX. Devés Valdés (2000).

30 Sobre las diversas estrategias desarrolladas por los gobiernosrevolucionarios para asegurar la difusión de los movimientos armados y de laideología revolucionaria en América latina, y más específicamente en Argentina,véase el trabajo de Yankelevich (1997). En su libro, Pablo Yankelevich (2003)esboza un panorama de la producción historiográfica sobre esta cuestión enparticular, mencionando los estudios de Berta Ulloa, Friedrich Katz, LorenzoMeyer, Esperanza Durán, etc., haciendo énfasis en la relación con EstadosUnidos.

31 Podemos citar por ejemplo el artículo (2 de octubre de 1913). Larevolución en México. Un consejo de Lind a Wilson. El Sur. Arequipa.

32 (29 de septiembre de 1913). Revolución mejicana [sic]. El Sur.Arequipa. "Washington. El gobierno no ha tomado ninguna nueva medidarespecto a las relaciones con México. Sábese que el general Félix Díaz llegaráa México en el próximo mes. En las fronteras continúan realizándose choquesparciales entre boyeros mejicanos [sic] y yanquis."

33 (22 de septiembre de 1913). Otras dificultades entre mejicanos[sic]. El Sur. Arequipa. "De Nueva Orleans informan que el exministro de Justicia de Méjico [sic] señor carlos Villarroel pasó poresa ciudad, donde ha declarado que el general Félix Díaz prepara nuevamente unarevolución para derrocar al presidente Huerta [...]."

34 Fundado en 1912, el periódico El Sur se presenta como unode los órganos del Partido Liberal local, y es de los primeros periódicosarequipeños en beneficiarse de un servicio cablegráfico.

35 (13 de julio de 1912). Méjico [sic]-Situación indecisa. ElSur. Arequipa.

36 (1 de enero de 1911). México. El Pueblo. Arequipa.

37 (12 de diciembre de 1913). México. El Sur. Arequipa.Huerta, presidente interino. Elecciones para julio. México. El congreso federalha elegido presidente interino al general Huerta, anulando de hecho las últimaselecciones. Los pueblos serán convocados para nuevas votaciones en julio delaño próximo. [...] México. Las tropas rebeldes que comanda el general Villa,avanzan a marchas forzadas sobre esta capital. Sábese que los revolucionariospiensan establecer su centro de operaciones en chihuahua, ciudad donde estánreconcentrando sus fuerzas.

38 (24 de noviembre de 1913). El diabólico Huerta. La Luz.Arequipa.

39 (24 de noviembre de 1913). El diabólico Huerta. La Luz.Arequipa.

40 (22 de agosto de 1914). México. Arribo de Carranza a la capital. LaBolsa. Arequipa.

41 (13 de agosto de 1919). Mejico [sic]. La campañarevolucionaria de Pancho Villa. El Heraldo. Arequipa.

42 (2 de enero de 1920). Carranza se ocupa de la pacificación deMejico [sic]. El Pueblo. Arequipa.

43 (23 de febrero de 1920). Las elecciones presidenciales en Mejico [sic].El Pueblo. Arequipa. Informaciones cablegráficas procedentes de la capitalde México dan cuenta de que en todo el país las elecciones que han comenzado apracticarse para presidente de la república han sido muy movidas. Asimismo seda a conocer que el célebre general Obregón es uno de los candidatos a lapresidencia que hace activos trabajos para obtener el triunfo.

44 (27 de mayo de 1920). Avance de los rebeldes mexicanos. El Pueblo.Arequipa.

45 (15 de octubre de 1913). México. La situación política. Lo quehará Huerta, El Sur. Arequipa; (11 de julio de 1914). La guerra civil deMéxico y la intervención norteamericana. La Bolsa. Arequipa; (23 de mayode 1922). La guerra civil en México. El Pueblo. Arequipa; etcétera.

46 (5 de diciembre de 1913). La toma de chihuahua. El Sur.Arequipa; (12 de mayo de 1920). Mejico [sic]. El Campeón. Arequipa.

47 (24 de diciembre de 1913). México. Avance de los rebeldes. Elasedio de la capital. El Sur. Arequipa.

48 (28 de julio de 1915). Piden pan. La Luz. Arequipa.

49 (28 de julio de 1916). Lo que puede el liberalismo. La Luz.Arequipa.

50 (1 de diciembre de 1916). México-Situación desastrosa. La Luz.Arequipa.

51 cabe señalar, sin embargo, que cuando estalla la revolucióndescentralista en Arequipa en 1931, la referencia revolucionaria más citada,como ejemplo y modelo, no es la revolución mexicana, sino la revoluciónfrancesa. (11 de septiembre de 1930). La importancia de las revoluciones. Libertad! Arequipa.

52 La bibliografía sobre el conflicto cristero en México esabundante, empezando con los importantes trabajos de Meyer (1980) sobre eltema.

53 Sobre el vínculo entre el sentimiento católico y la formación dela identidad local arequipeña, véase Martin (2012).

54 (7 de enero de 1928). El martirio de un joven obrero mejicano [sic].La Colmena. Arequipa.

55 (21 de enero de 1928). Otro sacerdote quemado vivo en México. LaColmena. Arequipa.

56 (23 de noviembre de 1926). Encíclica pontificia a los católicos deMéxico. El Pueblo. Arequipa.

57 (18 de octubre de 1926). La lucha religiosa en México continúa. ElPueblo. Arequipa.

58 (11 de febrero de 1928). El reinado del terror en Méjico [sic]. LaColmena. Arequipa.

59 (11 de febrero de 1928). La voz del Pastor. La Colmena.Arequipa.

60 Sin reclamarse abiertamente del liberalismo, el periódico Noticiases un periódico de oposición a la política leguista.

61 (25 de febrero de 1928). La cuestión mejicana [sic]. LaColmena. Arequipa.

62 El movimiento revolucionario de 1931 tiene así la particularidad delograr una cohesión de los intereses católicos conservadores y de los liberalesalrededor de un mismo discurso descentralista y regionalista, superando defacto los viejos antagonismos ideológicos.

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