Olivia Gall, Trotsky en México y la vida política en tiempos de Lázaro Cárdenas (1937-1940), prólogo de Leonardo Padura, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-unam/Editorial Ítaca, 2a. edición, 2012 (México y Democracia).

Olivia Gall, Trotsky en México y la vida política en tiempos de Lázaro Cárdenas (1937-1940), prólogo de Leonardo Padura, México, Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-unam/Editorial Ítaca, 2a. edición, 2012 (México y Democracia).

La obra fue publicada originalmente por la Editorial Era en 1991, y sigue siendo un referente para constatar que la decisión de Estado tomada por el presidente Lázaro Cárdenas al otorgar el asilo a León Trotsky fue al unísono una estación de llegada y de entrelazamiento de numerosos procesos políticos relevantes en la historia mexicana posrevolucionaria de la primera mitad del siglo xx, y a la vez una potente fuerza impulsora desencadenante de sucesivos y contradictorios encuentros y desencuentros de actores políticos y sociales en un ambiente nacional e internacional de equilibrios efímeros y conflictividad extrema.

La nueva edición de Trotsky en México y la vida política en tiempos de Lázaro Cárdenas (1937-1940), con un prólogo magnífico del escritor cubano Leonardo Padura, está integrada por una nueva introducción refiriendo las razones por las cuales se determinó la necesidad de su reedición. Sobre todo, como nos dice su autora, con un afán de historicidad al rememorar la apoteosis de un México cardenista, que a la vista de nuestro presente se antoja nacionalista, militante, combativo, soberano y trascendente en el concierto mundial de esa época aciaga y azarosa, preludiando los inicios de la conflagración europea con sus estelas de fuego fascista arrasando al pueblo republicano español.

No en balde Olivia Gall ha colocado al inicio de su libro dos epígrafes que se trasmutan en una llama ardiente a favor del cambio revolucionario, como epítome de dos vidas vividas por la causa de la revolución: “Al general Múgica, con los mejores sentimientos de un refugiado, probablemente ‘indeseable’, pero profundamente agradecido y que estaría feliz si pudiera serle útil algún día al generoso pueblo mexicano” (dedicatoria de Trotsky para el general Francisco J. Múgica, en el ejemplar que le regaló de su libro Su moral y la nuestra), y “Dígale a don León que cuando estalle la revolución permanente estaré a sus órdenes” (mensaje verbal enviado a Trotsky por Múgica, a través del periodista Francisco Zendejas).

Esta segunda edición fue realizada en coedición entre el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades de la unam y la Editorial Ítaca en su colección México y Democracia y con colofón de 2012. La portada del libro nos brinda una imagen dulce y familiar, Natalia Sedova y su esposo Lev Davídovich Bronstein y, en medio de ambos, su nieto Sieva, Esteban Volkow. A lo lejos se adivinan los contornos de un paisaje mexicano con la cúpula de la iglesia de Santa Prisca en la localidad de Taxco, en Guerrero. Y con la imaginación del lector acucioso, en el reverso de la imagen se proyecta virtualmente la lucha intensa contra la revolución desvirtuada por Stalin, y la defensa de supremos ideales a favor de la revolución permanente entablada por su profeta armado en distintos planos y escenarios. México, por supuesto, fue uno de ellos, creo que el más convincente pero a la vez el más imprevisible y funesto.

En la introducción a esta segunda edición Olivia Gall nos anuncia los cambios que ahora presenta la obra. Eliminó el capítulo que originalmente era el número xi referente a Francisco Zamora, cercano en su momento a León Trotsky. Colocó el aparato crítico a pie de página, lo que se agradece mucho para no tener la molestia de estar constantemente yendo a la parte final del libro para la revisión de las referencias. Agregó un apéndice titulado “La represión de Stalin contra la oposición de izquierda”, con un diagnóstico historiográfico y documental en donde se hace referencia no sólo al bagaje que la autora utilizó originalmente para la construcción de su investigación, sino también para acercar al lector especializado a otros repositorios documentales abiertos a la consulta pública en la ex Unión Soviética a partir de 1989 para sustentar los estudios que atañen a la era del terrorismo del Estado soviético entre los años veinte y cuarenta del siglo xx. Como un plus para el propio libro, la autora agregó una cronología de hechos significativos en relación con la estadía en México del otrora dirigente del Ejército Rojo. También nos ofrece, al final de la obra, un largo listado de todas las fuentes consultadas en México, Estados Unidos y Francia –documentales, testimoniales, bibliográficas, hemerográficas, fotográficas y entrevistas de historia oral realizadas por la propia autora entre 1982 y 1985–. Esta relación exhaustiva de fuentes se agradece mucho también en la medida en que la primera edición no la contenía. Por último, agregó un índice onomástico, muy útil para ubicar a distintos personajes de la política nacional, del comunismo mexicano y de la Internacional Comunista, así como de los amigos del dirigente ruso, de la militancia en las filas trotskistas en México y allende sus fronteras, y de sus adversarios nacionales y extranjeros.

La estructura del libro responde cronológicamente al periodo de 1937 a 1940, años en los que permaneció León Trotsky en México hasta la tragedia anunciada de su asesinato en Coyoacán perpetrado por Ramón Mercader, el brazo ejecutor de José Stalin. A la vez la estructura de la obra está cimentada en cuatro grandes partes, subdivididas en varios apartados. La primera se refiere a “La bienvenida” con “Un visado en el planeta para León Trotsky”. Le siguen la parte titulada “Los protagonistas”, es decir, “Los camaradas” y “Los amigos”. En tercer término aparece “Batalla política en México”, que en realidad muestra distintos foros de lucha y de conflicto no con las armas, sino con el pensamiento y las ideas de Trotsky a favor del implante a escala planetaria del partido del proletariado mundial, la IV Internacional. Por tanto, aquí encontramos los siguientes apartados: “Trotsky y el contraproceso”, “La guerra de Stalin”, “La contraofensiva de Trotsky”, “La derecha y Trotsky”, “La Liga Comunista Internacionalista y Trotsky”, y “La ruptura con Rivera”. Una última y cuarta parte se denomina “El pensador asesinado”, e incluye “Trotsky analiza México”, “Dos versiones estalinistas del cardenismo”, “Una situación peligrosa”, “El acoso”, y “Preguntas en torno a un asesinato”.

El contenido de la obra permanece sin ser superado porque hasta el presente no ha habido una innovación historiográfica que pretenda, a la luz de numerosas vetas de estudio y, sobre todo, a la vera del descubrimiento y rescate de valiosísimos fondos documentales con los que ya se cuenta, indagar con nuevas luces y propuestas teórico-metodológicas innumerables inquisiciones que hasta hoy, en pleno siglo xxi, podríamos hacernos sobre “el revelador”. Este concepto es utilizado por Olivia Gall para indicar la trascendencia de la estancia de Trotsky en México al descubrirnos un abanico de procesos y rupturas históricas cuya colisión, desarrollo y consecuencias marcaron a México y a la sociedad mexicana en la segunda parte del sexenio cardenista, y más allá de su territorio en un mundo atenazado por el nazifascismo.

El libro, reitero, es una investigación pionera que ha puesto las bases para que otros investigadores se apresten a recoger la estafeta que representa la obra de Olivia Gall, y remonten una vía intrincada que aprovechando lo realizado por esta historiadora la acometan con pasión y con lucidez dando por resultado nuevas investigaciones con propuestas y perspectivas novedosas para ahondar y comprender el calibre descomunal del hacer y del quehacer de las izquierdas (llámense comunistas, trotskistas, lombardistas, etc.) en la dinámica dialéctica del México de aquellos años, con sus oblicuidades ideológicas pero también con sus crasos errores y desaciertos políticos, y con sus sempiternas luchas internas y frontales teñidas de un diletante sectarismo. Pero a la vez también con sus inconsistencias, sus contradicciones y hasta con sus pasiones, deslealtades y traiciones personales y de grupo. Seguramente todo este bagaje negativo y el poco apego y contacto con las masas y el pueblo se tradujo siempre en la imposibilidad de la izquierda de acceder y permanecer en el poder. No en balde también el imaginario de la revolución mexicana, y el proyecto de reformas sociales del cardenismo, de manera específica, pesaron mucho en la reconfiguración, la tergiversación y hasta en la mediatización de las izquierdas mexicanas que al empuñar consignas zigzagueantes –recuérdense “Clase contra clase”, “Ni con Calles ni con Cárdenas” y “Unidad a toda costa”– no lograron establecer un proyecto consistente para enfrentar la larga oscuridad política a la que se vieron sujetas en las siguientes décadas bajo un sistema de cerrazón autoritaria.

Como fue inédita e irrepetible la resolución del presidente Cárdenas al otorgar un salvamento en firme del largo brazo estalinista al perseguido ruso –al menos durante tres años y casi ocho meses–, su impacto en la historia del periodo hasta la fecha cuenta con aristas y recovecos que nuevas aproximaciones investigativas pueden sacar a la luz pública. Aquí expongo breves reflexiones que me ha provocado la segunda lectura de la obra de Olivia Gall.

Estas llamadas de atención van en referencia, principalmente, a la propuesta de desentrañar la clave de la militancia revolucionaria de una generación de actores políticos compelida a destruir el antiguo régimen porfiriano, y a construir una oposición de izquierda como alternativa para hombres y para mujeres en su búsqueda de un proyecto de nación al mismo tiempo en que se producía el proceso de institucionalización de la revolución mexicana. Por ejemplo, Barry Carr (2007, pp. 522-523) hace notar la falta de estudios relevantes para entender “¿Qué significaba ser comunista en el México de aquellos años?”,1 y yo añadiría: ¿qué representaba ser trotskista cuando se ubicaba su militancia muy al margen de la izquierda2 y bajo fuertes estigmas, como el calificativo de “perros” trotskistas, y otros epítetos, como banda de saboteadores, espías, asesinos y traidores? Todo en medio del intenso combate ideológico instrumentado por el Partido Comunista Mexicano, cuya disputa fue conducida y mediada por los propósitos centralizadores de la Internacional Comunista y a lo largo de varias décadas en un vaivén de posiciones y directrices contradictorias, dogmáticas y sectarias en torno a sus estrategias y tácticas de lucha contra sus enemigos políticos y de clase, así como por las inconsistencias en su línea de acción en distintas coyunturas políticas frente a los regímenes de la revolución triunfante.

Un contundente botón de muestra de todo ello fue, sin duda alguna, la maquinación del asesinato de León Trotsky. Olivia Gall aborda en su obra los episodios bestiales arrimando toda la secuencia interna y externa enlazada para destruir trágicamente la vida del líder ruso. Yo debo mencionar, aunque sea brevemente, a Julia Barradas y a Ana María López, mujeres de la base comunista utilizadas en mayo de 1940 como carne de cañón, es decir, como mujeres gancho para envolver a los policías que realizaban la guardia afuera de la casa de Trotsky en Coyoacán. Ellas suministraron toda la información obtenida de los policías y además los embriagaron para que David Alfaro Siqueiros y su grupo consumaran el asalto frustrado contra los Trotsky. Barradas y López fueron detenidas y sujetas a proceso judicial.3

Vidas trágicas las de tantas mujeres comunistas, y como diría Natura Olivé (1991, pp. 19 y 87): “cuando se habla del pcm, […] la presencia de la mujer nunca se hace visible”. ¿Qué sentido tuvo para esas mujeres su militancia comunista? Su actuación y su activismo partidista –muchas veces en un tono sectario, dogmático y contradictorio– respondieron mucho más a la disciplina del partido, es decir, a sus líneas estratégicas, y mucho menos a su dignidad y a su condición de mujeres.4

Una reflexión final en torno a la obra Trotsky en México necesariamente engarza con los cuestionamientos que como ciudadanos podemos hacer de por qué nuestro país no ha accedido al socialismo, y por qué en pleno siglo xxi México está sumido en un océano de tragedia.

En septiembre de 1938, la Oposición de Izquierda Internacional dio paso a la constitución de la Cuarta Internacional, cuando Trotsky ya tenía más de un año de residencia en nuestro país, y lo que esto representó para él como su mirador privilegiado para evaluar a México, a los mexicanos y a su posrevolución, y dándole, además, todos los elementos para comprender el sentido profundo de la extraordinaria experiencia del México cardenista.

El documento fundacional de la Cuarta Internacional es conocido como el Programa de Transición, redactado por el propio Trotsky y el Socialist Workers Party de Estados Unidos.5 Su intención primordial fue reivindicar la herencia de la revolución de octubre (Rodríguez, 2002, p. 123).6 Por tanto, no fue casualidad que muchos años después el poeta Roque Dalton (2010, p. 240) trajera a la memoria el despertar del siglo xx que “nació en Petrogrado con 17 años de edad”.7

A la distancia de 76 años de la emblemática fundación de la Cuarta Internacional, la militancia trotskista nunca ha visto llegar la aurora de la insurrección mundial. Pero al menos por ahora contamos con la obra de Olivia Gall que no deja perder en el olvido al estratega ruso que en la epopeya bolchevique, y al lado de Lenin, reivindicó “La causa obrera y campesina, hasta el triunfo del proletariado”, avivando siempre que pudo la flama de la utopía revolucionaria afincada en sus postulados más radicales: “Tierra, Libertad y Justicia.”

 

Verónica Oikión Solano

El Colegio de Michoacán

 

Notas

1                      Barry Carr (2007). Hacia una historia de los comunismos mexicanos: Desafíos y sugerencias. En E. Concheiro, M. Modonesi y H. Crespo (coords.), El comunismo: otras miradas desde América Latina. México: Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades-unam (Debate y Reflexión, 9).

2                      Óscar de Pablo, A la izquierda del margen: los trotskismos en México, 1958-2000 (manuscrito inédito). Este autor utiliza el término “A la izquierda del margen” para situar al trotskismo como “la izquierda de la izquierda”, pp. 4-7.

3                      Natura Olivé (2011). Asalto a la casa de Trotsky. Testimonio, sueño y realidad. México: Ediciones Educación y Cultura.

4                      Natura Olivé (1991). Las mujeres en el Partido Comunista Mexicano. Los años treinta (Tesis de Maestría en Historia). enah: México.

5                      Trotsky tituló dicha declaración como “La agonía mortal del capitalismo y las tareas de la Cuarta Internacional”.

6                      Octavio Rodríguez Araujo (2002). Izquierdas e izquierdismo. De la primera Internacional a Porto Alegre, México: Siglo XXI Editores.

7                      Roque Dalton (2010). “Ensayo de himno para la izquierda leninista”. Un libro rojo para Lenin. México: Ocean Sur, 2010, p. 240.

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